lunes, 10 de febrero de 2014

Formación humana y la escuela

¿Para ti que es ser un buen estudiante?

  1. Es aquel que saca las mejores notas en las materias.
  2. Es aquel que aprovecha y se enriquece de todas las experiencias que le provee su entorno estudiantil en su formación como persona y su futuro.
  3. Es aquel que no da problemas al docente y parece invisible en el aula.


¿Cuantas veces como docente olvidamos las competencias que debemos desarrollar en el alumno y no solo en el área educativa teórica, sino también en el área formativa humana?

¿Te has preguntado tú como docente lo mucho que puedes influir en este ámbito en los alumnos?





Te comparto, para mi siendo una joven docente de universidad con solo apenas 5 años de experiencia en esta carrera docente este es un tema que me emociona todos los días al impartir mis clases y observo lo vital que es la implementación del área humana en el alumno, tomando en cuenta los siguientes puntos:

1. Atención a la persona total
2. Desarrollo de las potencialidades humanas
3. Énfasis en las cualidades típicamente humanas
4. Desarrollo de la naturaleza interior personal
5. Relevancia del área afectiva
6. Cálidas relaciones humanas
7. Desarrollo del potencial creador
8. El educador como persona y modelo

Estos puntos deben de ir de la mano con la enseñanza teórica de los alumnos, debido a que podemos proveer al alumno de herramientas indispensables en su vida actual y futura, siendo un alumno que domina perfectamente su área de estudio “Diseño Gráfico” y a la par implementa vive y soluciona problemas por medio de sus habilidades de desarrollo humano.

Dando como resultado un ser humano que trabaja para encontrarse completo.

Una condición fundamental del buen maestro es su compromiso con la formación humana. Formar es influir en la manera de ser y actuar de los alumnos, y es un proceso que involucra tanto la razón como la sensibilidad. La posibilidad de formar exige al maestro un proyecto de vida consecuente con los principios que orientan su labor educativa.

“La escuela suele disociar el aprendizaje de los sentimientos, relegando así el mundo afectivo de la experiencia intelectual. En consecuencia las personas actúan regidas primordialmente por sus razonamientos lógicos sin considerar las implicaciones humanas de sus actuaciones, sin sentir el conocimiento. Tampoco se mezcla el aprendizaje con la alegría, la motivación, el entusiasmo, el deseo, y las distintas sensaciones corporales. Es indispensable recuperar una actitud amorosa en la cotidianeidad educativa. El amor nutre la preocupación constante y sincera por el mejoramiento del otro.

El ser humano es el producto del entorno al que se encuentra activo, es el resultado de decisiones, es el reflejo de lo que en algún momento se le pudo enseñar. A su vez el humano siempre está en la constante búsqueda de pertenecer, de encontrar su lugar es su naturaleza. Tomando esto en cuenta, nos habla de la importancia que tiene el acompañamiento en este proceso de “encontrar”.

“Las personas son el punto clave para influir en las personas”, cada persona tiene la capacidad de adoptar conductas, costumbres, perfiles y aplicarlos en sí mismos, que mejor oportunidad para el docente de ser una pieza fundamental en este proceso de adopción en el alumno.


Logrando así alumnos que se sientan preparados para aprovechar y enriquecerse de todas las experiencias que le provee su entorno estudiantil en su formación como persona y en su futuro, siendo guiados y acompañados, esa guia puedes ser, tú docente.